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Full text of "La Isla de Sacrificios, la Señora Zelia Nuttall de Pinard y Leopoldo Batres"

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LA  ISLA  DE  SACRIFICIOS, 


LA  SEÑORA 


ZELIA  NÜTTALL  DE  PINARD 


1910 
LEOPOLDO    BATRES 


^^W 


MÉXICO 
TIPOGRAFÍA   ECONÓMICA 

2^  DE    SAN  LORENZO  NÚM.    ^2 
1910 


^\ 


LA  ISLA  DE  SACRIFICIOS, 


LA  SEÑORA 


ZELIA  NÜTTALL  DE  PINARD 


LEOPOLDO  BATRES 


MÉXICO 

tipografía  económica 

2'^    DE   SAN  LORENZO   NÚM.    32 

1910 


\ 


Li  ISLA  DE  SACRIFICIOS, 

la    Señora    Zelia    Nuttall    de   Pinard 

Y 

JLKOPOI^DO   BATRBS 


La  Sra.  Zelia  Nuttall  de  Pinard  ha  publicado  en  el  periódi- 
co científíco  titulado  ''The  American  Anthropologist."'  Yol. 
12Núm.  2.  Abril-Junio  lí)10,  que  ve  la  luz  |)ública  en  Laiicas- 
ter,  Pa,  E.  V.  A.,  un  artículo  referente  á  la  Isla  de  Sacrificios, 
Veracruz,  en  cua'o  artículo  se  me  injuria  y  se  denuncian  he- 
chos delictuosos,  asegurando  que  yo  los  he  cometido. 


Desde  que  leí  ese  artículo  pensé  en  la  actitud  que  debería 
asumir  antean  escrito  rencoroso  lleno  de  conceptos  inexac- 
tos y  en  el  que  se  me  imputaban  hechos  censurables. 

Ihimeramente  me  propuse  despreciar  esos  ataques  desde 
el  momento  en  que  habían  sido  lanzados  sin  pruebas,  en  for- 
ma vaga,  y  sin  más  fnndamento  que  una  mala  pasión  inspi- 
rada en  el  histerismo  femenino  de  una  persona  que  gratuita- 
mente me  odia  y  que  está  beoda  por  la  sed  de  venganza  que 
la  devora,  sentimiento  nacido  del  excesivo  amor  propio  que 
tanto  caracteriza  á  la  Sra.  Zelia  Nuttall  de  Pinard  y  que 
ha  resentido  porque  en  su  primera  gestión  no  la  atendió 
como  deseaba  una  Secretaría  de  Estado. 

Esta  primera  resolución  la  quebranté  obligado  por  el  res- 
peto que  debo  á  la  sociedad  y  á  mi  persona,  cuyo  respeto 
reclamaba,  como  lo  hago,  un  mentís,  dirigido  no  á  la  Sra . 
Zelia  Nuttall  de  Pinard,  ante  quien  me  inclino  por  el  sexo  á 
que  pertenece,  pues  la  mujer  ha  sido  siempre  para  mí  el  ob- 


jpto  de  veneración  y  respeto,  sino  á  las  injuriMs  (jue  <>'ratui- 
taniente  me  lanza. 

Si  la  Sra.  Xuttall  de  Pinard  se  pro})onía  hacer  sn  papel  de 
denunciante,  debería  entonces  haber  guiado  su  gestión  con  la 
honradez  y  sinceridad  del  que  quiere  defender  á  la  sociedad  de 
un  malinniin(Miteque  le  amenaza,  y  rasgar  el  velo  encubridor 
del  crimen  por  el  camino  que  marca  la  ley;  mas  como  no  lo 
ha  hecho  así,  es^á  privada  del  derecho  de  exigir  que  la  comu- 
nidad social  tome  en  serio  su  denuncio. 

Tai  cual  lo  ha  hedióla  Sra.  Nuttallde  Pinard  solo  ha  podi- 
do causar  en  los  que  lo  leen  la  impresión  de  que  no  ha  tenido 
otro  móvil,  al  formularlo,  que  causar  un  mal  á  una  reputa- 
ción bien  sentada  en  la  ciencia,  en  la  admhiistración  pública 
y  en  la  sociedad. 

Para  juzgar  de  la  conducta  seguida  por  la  Sra.  Pinard  en 
este  escabroso  asunto,  basta  saber  (pie  siempre  que  se  ha 
tratado  de  mí  ha  manifestado  una  marcada  mala  voluntad, 
debido  tal  vez  a  que  ha  comprendido  que  nunca  la  he  toma- 
do en  serio  en  ningún  sentido,  })iies  la  conozco  desde  hace 
muchos  años,  desde  que  A^vía  en  París  con  su  esposo  Mr. 
Pinard,  y  sabía  yo  desde  entonces  cuales  eran  los  alcances  de 
la  protagonista  de  este,  denuncio. 

La  8ra.  Nuttall  de  Phiard  está  obligada,  si  (\s  (pie  se  res- 
peta., á  probar  el  hecho  delictuoso  que  me  imputa,  de  lo  coii- 
t'/ario  |)esará  sobre  ella  el  anatema  de  ini])ostora. 

La  Sra.  Pinard  asegura  que  he  clasifícado  mal  la  sección 
de  arqueología  del  Museo  Nacional,  causando  con  esto  irre- 
parable daño  á  la  ciencia. 

Antes  de  seguir  se  me  ocurre  preguntar:  ¿(¿uién  es  la  Sra. 
Nuttall  de  Pinard  para  juzgar  de  si  está  bien  ó  mal  hecha  la 
clasificación  (jue  he  llevado  á  cabo  en  el  Museo  Nacional? 
¿Qué  autoridad  tiene?  Qué,  acaso  una  simple  añcionada  sin 
educación  científica  ni  artística  ¿puede  juzgar  de  asuntos 
científicos  de  alta  jerarquía? 

Y  como  prueba  de  la  falta  de  competencia  de  la  Sra.  Pinard 
para  emitir  juicio  en  la  calidad  de  mi  clasifícación,  basta  fi- 
jarse en  las  pruebas  que  aduce  para  demostrar  que  he  caído 
en  errores. 

En  su  escrito  ]a  Sra.  Nuttall  de  Pinard  presenta  varios  va- 


sos  i)re]iis]);nii('()s  de  la  eoleecióii  del  Museo,  aseí^iii-audo  (jue 
fueron  encontrados  en  la  Isla,  de  Saeriñeios  y  (in(\  sin  embar- 
go de  haber  sido  encontrados  ahí,  yo  los  filié  en  la  civilización 
tolteca  de  Teotihnacán  y  de  otros  hilares  de  la  República,  y 
que  este  error  daba  la  medida  de  los  errores  que  contendría 
mi  clasificación. 

Se  necesita  carecer  por  completo  de  sindéresis,  como  carece 
la  Sra.  Pinard,  para  dedncirdeqne  nn  objeto^í^ia  encontra- 
do en  la  Isla  de  Sacrificios,  no  puede  ser  factura  de  los  tol- 
teca de  Teotihnacán. 

En  la  Isla  de  Sacrificios  se  encuenti'an  muchos  fragmentos 
de  alfarería  polícroma  y  otros  objetos  de  distintas  civiliza- 
ciones, y  seguramente  que  no  fueron  fabricados  en  ese  lu- 
gar, pues  para  manufacturar  esa  gran  cantidad  de  produc- 
ción artística  é  hidustrial  habría  sido  necesario  que  hubie- 
ran existido  en  el  islote  muchas  fábricas,  no  pudiendo  ser 
ésto  posible  porque  la  Isla  de  Sacrificios  tiene  a])enas  dos- 
cientos y  pico  de  metros  de  extensión  en  su  mayor  diámetro, 
superficie  que  apenas  pudo  contener  el  teocalli  que  guardaba 
la  deidad  adorada  en  el  santuario,  algunos  sepulcros  y  las 
habitaciones  indispensables  ])ara  alojar  á  los  sacerdotes  en- 
cargados del  culto. 

La  explicación  de  la  existencia  en  la  Isla  de  Sacrificios  de 
los  vasos  que  cita  la  Sra.  Nuttall  en  su  folleto  y  otros  más 
en  mayor  número,  es  muy  clara,  pues  todos  esos  objetos  fue- 
ron llevados  á  ese  santuario  por  las  romerías  de  creyentes 
que  acudían  al  templo,  llevando  consigo  las  indispensables 
ofrendas,  y  por  eso  es  que  ahí  se  ven  alfarerías  totonaea,  tol- 
teca, azteca,  maya,  etc.,  etc. 

La  Sra.  Nuttall  de  Pinard  se  figura  que  el  arqueólogo  que 
estudia  una  pieza  prehispánica  toma  como  primer  dato  de 
filiación  el  lugar  adonde  fué  encontrado  el  objeto,  y  que  con 
ese  dato  ya  designa  á  qué  civilización  pertenece.  Nó,  señora; 
el  arqueólogo,  para  filiar  una  pieza  antigua  en  el  grupo  de 
civilización  que  le  corresponde,  toma  en  consideración  como 
primer  dato  la  forma  de  la  pieza,  el  color  de  su  pasta,  la  cali- 
dad de  ella,  su  grado  de  cocción,  si  es  alfarería,  su  decorado,  su 
modelado,  y  si  tiene  símbolos,  el  símbolo,  y  si  tiene  escultura, 
el  tipo  antropológico  de  ella  y  su  indumentaria,  y  por  últi- 


I  no  el  (lato  del  Inoar  adonde  se  encontró.  Vmi  vez  sorprendi- 
do el  tipo  de  cada  ano  de  los  diferentes  caracteres  que  aca- 
bo de  citar  para  estudiar  la  pieza,  se  compara  cnda  ras- 
;2>()  tisionóniico  con  los  de  las  piezas  cuya  filiación  ya  está 
determinada,  v  si  concuerdan  los  de  la  pieza  en  estudio  con 
los  de  la  va  clasificada  haciendo  la  comparación  en  muchas 
series  del  mismo  tipo,  entonces  va  se  puede  de  un  modo  se- 
<2,uro  determinar  á  qué  civilización  pertenece  el  ejemplar  en  es- 
tudio. Constantemente  vemos  los  que  practicamos  la  arqueo- 
logía, que  una  pieza  maya  se  encuentra  en  Teotihuacán,  en 
Oaxaca  ó  en  Cholula,  y  que  una  de  Cholula.  se  encuentra,  pu 
Yucatán,  y  no  ])or(|U(^  hemos  encontrado  la  pieza-  maya  en 
( 'liolula,  vamos  á  decir  que  es  cholulteca,  ó  porque  hemos 
encontrado  la  cholulteca  en  Yucatán,  vamos  á  decir  que  es 
maya.  Evidentemente  que  no:  la.  cholulteca  fué  lleA^ada  á 
Y^ucatán  y  la  maya  fué  llevada  á  Cholula,  ])ero  esto  parece 
que  no  le  es  dado  entender  á  la  Sra.  Nuttall  de  Pinard. 

Asegura,  la  señora  Nuttall  que  a,  los  objetos  de  la  colección 
del  Obispo  Planearte,  hoy  ])ropiedadde  la  Nación,  les  he  asig- 
nado una  procedencia  errónea,  distinta  de  la  que  les  ha  dado 
dicho  señor,  que  fué  quien  los  encontró  en  el  terreno. 

Este  otro  cargo  es  enteramc^nte  falso,  pues  al  designar  la 
j)rocedencia  de  las  ])iezas  que  he  clasificado  en  el  j\íuseo,  he 
respetado,  como  es  natural,  la  que  le  atribuyen  los  vendedo- 
res de  ellas,  como  ha  sucedido  con  las  colecciones  que  vendie- 
ron al  Museo  el  Padre  Planearte,  el  l)r.  Sologur-en,  Heredia.  y 
otros;  y  para  que  no  se  pierda  el  antecedente  primordial  de 
la  procedencia  de  la  pieza,  es  decir,  el  que  le  atribuyeron  los 
que  las  vendieron  al  Museo,  conservo  en  cada  objeto  la  eti- 
queta que  le  pusieron  los  poseedores  de  ella  cuando  fué  vendi- 
da, cuyo  número  de  etiqueta  corres])onde  al  número  del  catá- 
logo con  que  hicieron  entrega  al  Museo  Nacional  los  Atende- 
dores. 

La  señora,  de  Pinard  no  se  contenta  con  hacerme  las  inq^u- 
taciones  cahunniosas  á  que  me  lie  referido,  sino  que  tanil)ién 
afií'uia  que  el  Director  del  Museo  Nacional  «no  es  de  ningún 
modo  resi)onsable  ])or  mi  clasifícacióu))  y  que  el  Señor  Minis- 
tro de  Instrucción  Fúblicá,  sin  tener  en  cuenta  la  opinión  ge- 


neral  acerca  de  mí.  ///p  uoinhró  arbitnu-uuiwntr  para  reorga- 
nizar el  departainento  arqueológico. 

Para  que  se  pneda  juzgar  de  la  «buena,  fe»  (¿)  y  de  la  «vera- 
cidad)) (?)  de  las  afirmaciones  anteriores,  reproduzco  en  se- 
guida una  comunicación  del  Director  del  Glaseo  al  señor 
Secretario  de  Instrucción  Pública ,  que  me  fué  trascrita  en  su 
oportunidad  y  que  por  sí  sola  desbarata  los  dichos  de  la  se- 
ñora Nuttall  de  Pinard: 

«Museo  Nacional. — IMéxico. — N'*  ()249  bis. — Con  referencia 
al  Superior  oficio  de  Vd.  número  7547,  fechado  ayer,  tengo  el 
honor  de  informarle  que  esta  Dirección,  en  vista  de  que  la 
clasificación  hecha  por  el  Sr.  Dr.  Eduard  Seler  en  el  departa- 
mento de  Arqueología,  no  se  ajustó  á  las  bases  escritas  que 
le  di  con  fecha  29  de  abril  de  1907  y  que  oportunamente  co- 
muniqué á  esa  muy  ilustrada  Secretaría  del  digno  cargo  de 
Vd.,  me  permití  encomendar  la  propia  labor  al  Sr.  1).  Leopol- 
do Batres,  Inspector  General  de  Monumentos  Arqueológicos, 
quien  por  su  larga  práctica  y  experiencia  reconocida  en  los 
trabajos  de  exploración  y  excavación  arqueológicas,  era 
quien  podría  determinar  con  mayor  exactitud  las  proceden- 
cias de  los  objetos  relativos  existentes  en  este  Museo.  En  cum- 
plimiento de  esta  comisión  el  Sr.  Batres  lleva  clasificados  po- 
co menos  de  seis  mil  objetos,  determinando,  para  cada  uno 
de  ellos,  su  filiación  ó  procedencia,  su  civilización,  su  mate- 
rial y  su  descripción  sucinta,  y  dirigiendo  la  agrupación  de 
los  que  perte.necen  á  una  misma  civiliza,cióri,  á  fin  de  facilitar 
el  estudio  de  las  razas  indígenas  correspondientes.  El  Sr.  Ba- 
tres ha  obrado  de  conformidad  con  las  bases  susodichas,  y 
sin  tener  en  cuenta  la  clasificación  del  Sr.  Dr.  Seler,  de  cuyas 
opiniones  ha  diferido  muchas  veces.  Manifestaré,  por  último, 
que  esta  Dirección  ha  quedado  satisfecha  de  los  trabajos  lle- 
vados á  cabo  hasta  hoy  por  el  Sr.  Batres  en  el  Departamento 
de  Arqueología. — Protesto  a  Vd.,  Señor  Ministro,  mi  ma3X)r 
respeto  y  más  distinguida  consideración. — Libertad  .y  Consti- 
tución.— México,  18  de  marzo  de  190Í). — Genaro  García. — 
Rúbrica. — Al  C.  Secretario  de  Instrucción  Pública  y  Bellas  Ar- 
tes.—Presen  te.» 

La  señora  de  Pinard  asegura  que  yo  mando  á  mis  criados  á 
descubrir  los  monumentos  arqueológicos.   Esta  aseveración 


8 

os  tnii  falsn  eomo  todns  Ins  (Ipinás,  y])arn  doinoslrar  su  afir- 
inación  dicí^  (¡no  no  liaco  iiniclio  liein])()  mandó  íi  mi  cainaris- 
ta  á  Milla  á  descubrii-  un  so])nl('r().  Ni  mandó  a  mi  camarista 
á  descubrir  el  sepulcro,  ni  se  ha,  descubierto  ningún  sepulcro 
en  Mitla  desde  hace  muchos  años,  y  cuando  hay  (]ue  hacer 
alg'ún  descubrimiento  siempre  lo  hago  personalmente,  sin  ne- 
cesidad de  mandar  íí  mis  criados. 

La  señoraZelia,en  un  rasgo  de  sentimentalismo,  anuncia  su 
huida,  de  la  arqueología  mexicana,  como  una  amenaza  terri- 
ble para,  la  ciencia.  Tarde  se  ha  resuelto  Ud.,  señora,  á  aban- 
donar un  campo  que  desde  un  principio  le  ha  sido  ingrato,  de- 
bido á  que  ni  la  naturaleza  ni  su  escuela  le  han  ayudado  para 
adquirir,  no  digo  ciencia,  ni  siquiei-a  sindéresis  para  juzgar 
d(^  las  cosas. 


1  * 

■   -^   -x- 

En  el  artículo  déla  señora  Nuttall  de  l*ina,rd  no  sólo  campea 
la  diatriba  para  mí,  sino  que  ai-rolla  con  la  personalidad  res- 
petabilísima de  uno  délos  Ministros  del  Gabinete  del  Gobierno 
^íexicano,  Sr.  I^ic.  I).  Justo  Hierra,  y  se  queja,  amargamente 
de  los  males  que  dice  le  ha  hecho  la  Secretar-ía  de  Instrucción 
Pública  y  Bellas  Artes  en  su  proyectada  exploración  de  la  Isla 
de  Sacrificios,  y  como  estos  cargos  son  injustos,  lo  mismo 
(pie  pasa  con  todos  los  demás,  voy  á  referir  en  breves  pala- 
bras el  asunto  de  la  soñada  exploración  de  la  Isla  de  Sacri- 
ficios, Yeracruz,  por  la  señora  Pinard. 

La  señora  Zelia  Nuttall  de  Pinard  fué  en  calidad  de  turista 
á  la  Isla  deSacr-iticios,  Yeracruz,  visitó  el  isk:)te,  3'  los  emplea- 
dos de  la  Dirección  de  Faros  y  los  de  Sanidad  le  mostraron  un 
pedazo  de  pared  que  había  descubierto  el  oleaje  de  la  mar  en 
la  última  temporada  de  nortes.  Gomo  se  advirtiera  que  el 
muro  tenía  j)intada  una  serie  de  líneas  rojas  que  parecen  re_ 
presentar  geroglíficos  de  la  civilización  totonaca,  levantó  los 
brazos  hacia  el  cielo  la  señora  Pinard  y  gritó  ¡jEurekaü  aquí 

liaA'  un  gran  descubrimiento Regresó  á  Yeracruz  y  al  día 

siguiente  a^oIvíó  á  Sacrificios  acompañada  de  dos  peones  ar- 
mados de  picos  y  palas.    Arrancó  un  ])edazo  del  revestimien- 


to  del  iinirc),  reeog'ió  del  suelo  al<i'nn()s  ímg'inentos  de  alfíive- 
ríjK  volvió  H  Veraeriiz.  snbió  á México,  se  presento  al  Director 
del  Museo  y  á  mí.  niostrándoiios  su  hallazgo.  3-  manifestó  sn 
deseo  de  que  el  Gobierno  Mexicano  le  permitiera  explorar  la 
Isla  y  le  ayudara  pecuniariamente. 

Creí  que  era  importante  hacer  una  exploración  en  ese  lu- 
gar y  desde  luego  ofrecí  á  la  señora  Nuttall  ayudarla.  Hiz(j 
su  petición  solicitando  el  permiso  de  explorar  la  Isla  y 
#500.00  de  ayuda.  Me  pasó  el  Ministerio  su  escrito  para  in- 
formar, como  lo  prescribe  la  ley  relativa,  y  desde  luego 
informé  favorablemente  y  propuse,  como  era  mi  deber 
según  lo  exije  también  la  ley,  que  se  nombrase  á  quien 
debía  inspeccionar  aquellas  obras.  Trascurrieron  algunas 
semanas  y  no  daba  señales  de  emprender  su  yiaje  para 
la  Isla  la  peticionaria.  Tuve  que  ir  al  Museo  y  me  encon- 
tré en  la  puerta  de  la  Biblioteca  de  dicho  establecimiento  á 
la  señora  Nuttal,  quien  después  de  saludarme  cariñosamen- 
t:^  me  ])reguntó  que  si  no  sabía  yo  lo  que  le  había  hecho  el 
Ministerio,  le  contesté  que  nada  sabía,  y  entonces,  con  las 
lágrimas  en  los  ojos,  la  boca  presa  de  una  convulsión  histéri- 
ca, me  contó  que  el  Ministerio  de  Instrucción  Pública  le  ha- 
bía mandado  dar  solamente  $200.00  en  lugar  de  $500.00 
que  había  solicitado,  que  ésto  era  terrible  y  que  iba  á  escri- 
bir en  los  Estados  Unidos  un  artículo  que  le  costaría  su  posi- 
ción al  Ministro.  ^íe  compadecí  de  su  estado  nervioso,  le 
inq)artí  palabras  de  consuelo,  la  calmé  y  le  ofrecí  que  procu- 
i-aría  yo  arreglar  su  asunto  en  la  Secretaría  de  Instrucción 
Pública.  Cumpliendo  con  mi  promesa  expuse  los  hechos  al 
Señor  Ministro  y  al  Señor  Subsecretario,  les  conté  el  estado 
nervioso  en  que  se  encontraba  la  señora  Pinard  y  resolvie- 
ron que  se  le  completaran  los  $500.00,  pero  que  para  que 
esta  señora  pudiera  recibir  ese  aumento,  era  indispensable 
que  pusiera,  ima  comunicación  diciendo  que  no  le  eran  bas- 
tante los  $200.00  y  que  por  lo  tanto  pedía  que  la  agraciasen 
con  el  resto  hasta  completar  los  $500.00. 

Era  tan  buena  la  nueva,  que  desde  luego  me  apresuré  á  lle- 
varla, aunque  fuera  por  el  teléfono,  al  conocimiento  de  la 
señora  Nuttall,  y  con  ésto  quedó  terminada  mi  intervención 
sin  haber  vuelto  a  saber  nada  de  este  asunto  hasta  que  leí 


10 

en  el  periódico  un  suelto  en  (]ne  la  señora  Xuttall  hacía  sa- 
ber á  los  lectores  que  había,  renunciado  los  puestos  de  pro- 
fesora honoraria  del  ^Inseo  de  Arqueología  v  de  ^íienibro 
del  Comité  Organizador  del  XYII*-^  Congreso  de  Americanis- 
tas. 

Al  cabo  de  algún  tiem])o  un  amigo  mío  me  dijo  que  la  se- 
ñora Zeiia  Nuttall  de  Pinard  había  escrito  un  i'olleto  en  in- 
glés, en  el  que  me  injuriaba  y  aseguraba  (]ue  había  yo  come- 
tido un  delito  de  prevarií^ación  y  otras  muchas  cosas.  Me 
procuré  el  libelo  y  me  decidí  á  escribir  las  presentes  líneas. 

(¿nienes  las  lean  y  hayan  hecho  lo  mismo  con  el  calunniio- 
so  artículo  á  (}ue  me  referido,  podrán  convencerse  del  crédito 
(]ue  debe  darse  á  los  escritos  de  la  Sra.  de  Pinard. 

México,  noviembre  17  de  11)10. 

Leopoldo   í>A'r!JKs. 


Dste  3¡i7/9^